Por La Ali, geógrafa errante transfeminista

Esto no es un artículo, ni una columna de opinión, es más bien una invitación a un tecito, una conversación fugaz e íntima. Me gusta conspirar con la que anhela nuevas formas de existencia, que se erotiza imaginando nuevos posibles políticos.

Si te sientes mal al ser tratada en femenino universal, entonces permíteme aclarar que lo hago porque me interesa conectar con tu lado femenino, en tanto zona subalternizada, degradada por poner en el centro el cuidado de la vida, y fuente material domesticada para la reproducción sexual del capitalismo.

Hecha la aclaración, prosigo.

Si es imposible renunciar al deseo libertario y restaurador/creador de formas de vida no capitalistas, podemos sonreír al entender cómo todo acto fascista, no es más que un grito de pánico ante nuestra infinita potencia.

¿Hay algo que toque fibras más sensibles que conspirar para subvertir el orden neoliberal? Sabemos que es infinitamente mayor la potencia de nuestros encuentros callejeros, que la frustración a la que nos arroja la coyuntura política nacional dirigida por el gobierno Boric-Karamanos, los Pacos y las 7 familias dueñas de este latifundio llamado Chile.

No hay nada más parecido al pánico de la derecha que pregonar, en clave mesiánica, la necesidad unívoca de construir alternativas patriarcales para “dar derechos a la gente”, y así alcanzar por fin la categoría de “ser humano”, y por lo tanto, “sujetos de derechos”, es decir, mutar hacia el sujeto humano universal concebido por la tradición capitalista europea, para degradar a todo el resto de la humanidad ¿queremos ser todas hombre blanco burgués heterosexual?

Obviamente no estoy en contra de recuperar derechos y la categoría humana, pero quiero mostrar una capa más profunda del conflicto que nos atraviesa cuando no nos conformamos con una mejor administración del Estado, que tiene por objetivo garantizar consumidores conformes y dóciles, dispuestos a ahogarse en los algoritmos hipnotizantes, y olvidar la guerra y destrucción que subyace al régimen farmacopornográfico capitalista oculto tras cada mercancía que consumimos.

Atrevernos a hablar la política con nuevos lenguajes, huyendo de la lógica universalizante y totalitaria que impone la inercia de la política económica capitalista, nos permite asir nuestras experiencias revolucionarias desde una nueva posibilidad, finalmente. El relato hegemónico sobre la historia del mundo, del Estado, la patria y las luchas por la Independencia, son profundamente restauradoras de la legitimidad colonial impuesta con la violencia más deshumanizante que han visto estas tierras y mares.

Con la misma efectividad de los himnos nacionales entonados por dulces voces escolares, se sigue desarrollando todo un universo de aparatos ideológicos que pretenden hacernos olvidar la historia de explotación, saqueo, muerte y violación que nos azotó hace apenas 500 años, y que en mi caso, hasta la generación de mis padres, tuvo viviendo en Santiago de Chile a millones de personas en campamentos, sin agua ni alcantarillado, con piso de tierra, colchones de papeles de diarios y sin siquiera zapatos para todas las miembros de la familia.

Si seguimos hablando de nuestros objetivos y desafíos políticos, en la lengua de la economía política capitalista (y su devenir patriótico, moderno y verde) no hacemos más que bailar la cueca del enemigo.

Dar la espalda a su forma de descifrar el mundo, constituye el desafío más importante que toda revolucionaria asume como activista del cambio económico, social y político.

Construir nuestras propias instituciones (a pesar del Estado), y disputar el sentido común que hegemoniza la derecha para relatar la realidad, es una tarea de gran complejidad y llena de desafíos, dado el campo político patriarcal que habitamos. Rápidamente a la hora de pensar en un programa político común, que organice estratégicamente las luchas que demanda el momento histórico, surge en esplendor la psiquis anidada en el binarismo sobre el cual nos arroja el sistema capitalista, patriarcal, colonial y moderno. La forma de hacer política intra- izquierdas se parece más a una guerra, que a la obra de arte que debiéramos pensar, para lograr poner en vista la belleza de un mundo sin hambre, sin frío y sin violaciones.

A partir de octubre de 2019, con el despliegue de cuerpos colectivos en lucha callejera, y la subversión de los medios de comunicación, que lograron amplificar una voz desde abajo para relatar la realidad desde la perspectiva de la lucha de clases, una nueva época se abrió. La crisis del sistema político, asida por las coaliciones del orden más progresistas, quienes rápidamente bailan el compás que impone la derecha a través de la televisión, los periódicos y las radios; dejando entrever un cierto anhelo de ser gobierno apegado a los valores políticos republicanos conservadores, cómodos con la lectura de la sociedad chilena que toman de las encuestas que los monopolios económicos del país les arrojan semanalmente.

La frustración derivada de la falta de convicción política que muestra el gobierno para usar La Moneda como herramienta de transformación en este momento bisagra, cae con todo su peso en el corazón de quienes anhelan un gobierno que confíe en la fuerza articulada en la calle, y que logró ganar una elección con el 80% de los votos para cambiar la Constitución de Pinochet. Sin dudas La Moneda, fiel al sentido profundo de su nombre, logra domesticar a quienes la usan en la lógica burócrata-administrativa que impone la agenda de un gobierno que apuesta a la eficiencia, mirando de reojo las encuestas y contando likes, como si ahí se midiera “el gobierno cercano a la gente y el pueblo”.

Con más de 600 personas con mutilación ocular producto de una política pública que ejecutó Carabineros de Chile para reprimir las protestas que posibilitaron el cambio constitucional, resulta del todo indignante ver a los ministros semana a semana pidiendo disculpas por algún dicho que ofende al dueño de Falabella o a los cómplices y violadores de DD.HH. El gobierno, en cada unos de sus mensajes, se dirige a los sectores más conservadores de nuestra sociedad, pero en lenguaje inclusivo y con banderas queer, y no cesa de mostrar obediencia, y entonces nos ponemos odiantes, y los insultamos secretamente en nichos militantes. Nos frustramos, y denunciamos exceso de ingenuidad en quienes defienden al gobierno a brazo partido… Y nos inunda la tristeza, y nos preguntamos por qué mierda no comienzan los juicios a los pacos! Para qué se reúne Boric con Amnistía Internacional sino hace nada para avanzar en materia de juicio,verdad y castigo! Por qué protegen a milicos y pacos partícipes de los crímenes de la última dictadura! Por qué siguen mandando milicos al Wallmapu! Por qué no ponen al aire UN canal, UNA radio, UN periódico contrahegemónico! Por cierto que para esto no hay que esperar una nueva Constitución, solo hay que respetar los convenios internacionales suscritos y salir de la jaula de obediencia al relato que la derecha construye sobre nosotras.

Gestos, como el de Salvador Allende nombrando Ministra de Trabajo a una suplementera de periódicos, contrastan dolorosamente con la Ministra Camila Vallejos yendo con las cámaras de televisión a reclutar autoridades a la Universidad de Chile, universidad que por demás, es altamente elitizada , y donde aún no hay derecho universal al voto para elegir autoridades.

Por cierto que mi interés no estaba en vomitar la frustración y hartazgo que nos invade con el gobierno “feminista – ecológico – frenteamplista”, anhelante de orden y progreso para construir un “buen vivir”, o querer comentar la impunidad con que exhiben su poder los medios de comunicación y los pacos, me propongo más bien, exponer una herida más nuestra, más conectada con quienes no podemos resignarnos a la vida capitalista y neoliberal, como único horizonte posible para habitar esta tierra, esta vida.

El clima de crisis, se despliega con una transformación en curso, una nueva Constitución está siendo parida, no bajo la estética desplegada en octubre del 2019, pero sí bajo el mismo movimiento telúrico. Y ya que entramos en una frecuencia sísmica, como réplicas, pasamos del erotismo colectivo que se despliega en el eterno retorno de la Revuelta, a la frustración del deseo emancipatorio. De la vergüenza por la banalización de los símbolos y los conceptos, a la imposibilidad de la renuncia.

Atrapadxs en un cuerpo subalternizado, nuestros gestos, lentamente, van recuperando el ritmo de la obediencia, mediante una inercia productivista, moralista, grandilocuente y universalizante, la incomodidad se vuelca al voto y la agenda estatal, la racionalidad televisiva y los esencialismos revolucionarios, se vuelven falo, impotencia, aburrimiento y desprecio; y entonces ya no solo podemos odiar a los de arriba, sino también a los de al lado, y muchas veces a nosotras mismas.

¿Dónde estamos construyendo las instituciones que queremos?
¿Dónde está nuestra creatividad?
¿Por qué la izquierda en el poder se vuelca a la eficiencia, pretendiendo contagiar un deseo de orden y progreso en clave mesiánica?
¿Hay algo más colonial y frustrante que abandonarse a las decisiones de la clase política gobernante?
¿Por qué nos quedamos como espectadores del cafecito que se toman en la permanente charla el gobierno y la derecha?
¿Hay algo más elitista que hablar en nombre de ” les excluides “?
¿Hay algo más decadente que visualizar el futuro solo en la lógica apocalíptica que nos muestra Netflix?
¿Cómo amplificamos las voces que hablan de las incomodidades que se están articulando y que el Cis-tema no logra asir?

Luego del desfondamiento, lo auténtico emerge, y con ello, traumas, vergüenzas y nuevas certezas.

¿Cómo nos sacudimos, cual quiltro roñoso, el agua podrida que baña nuestros cuerpos?
¿Cómo cortamos con la subjetividad burguesa y neoliberal que intoxica toda la racionalidad política con que las izquierda-macho hacen programa político?
¿Cómo hacemos potencia la decepción eterna del peón chileno ?
¿Cómo damos la espalda a la derecha y nos concentramos en las desobediencias colectivas e íntimas que debemos articular?

Como en estratos geológicos desgastados por el agua y el viento, emerge naturalmente lo que siempre ha estado sosteniendo todo:
La ternura del encuentro
Las risas de la creación colectiva
La potencia del apañe
La lujuria de la conspiración
La alegría de la desobediencia
La certeza del acontecimiento por venir
Está sucediendo una transformación, y
ya está en curso,
somos el eterno retorno del deseo libertario,
somos la permanencia del deseo subversivo,
Habita entre nosotras el fantasma del Manifiesto de Marx, la certeza transformadora del acuerpamiento feminista, la convicción de lo estúpida y cruel que es la racionalidad capitalista y neoliberal.
Nuestra fuerza y capacidad de desvío del capitalismo es fulgurante,y es aún más grande y potente que las fantasías que aterran a la derecha,
que aterran a los dueños de todo
que aterran al macho
que aterran al Orden Moderno/Capitalista/Colonial.
Está sucediendo una transformación, y
ya está en curso,
es como un avalancha que se avecina… no hay cauce que lo pueda contener.
Se acabó mi tecito, gracias por la escucha.