Por Mauricio Labarca Abdala, editor

Esta editorial será breve. La razón de dicha sentencia va de la mano del carácter de este número, más minimalista, en comparación a ediciones anteriores, lo que guarda directa relación con lo complejo de estos momentos en que coinciden una baja en la intensidad de los movimientos sociales, ambientales e indígenas, dado el desgaste y las adversidades que ha tocado enfrentar los últimos dos años, de forma ininterrumpida, y el resurgimiento del neo fascismo, encarnado en el candidato presidencial de ultra derecha, el partido al que éste pertenece y los hechos vergonzosos que hemos atestiguado con estupor, como aquellos ataques xenófobos sucedidos en el norte del país, meses atrás.

El fascismo ha salido de su cueva y se exhibe por acá y acullá, con la misma desfachatez de los días más oscuros de la dictadura militar. Se trata de la contra ola, la resaca, el reflujo del que venimos hablando hace ya varias ediciones, cuyo espíritu restaurador intenta instalar en el debate público ideas y propuestas de sociedad que pretenden retrotraer al país a tiempos autoritarios, conservadores y, en algunos casos, derechamente medievales. Es la reacción de la oligarquía colonial, que campea y dictamina en este territorio, y que redobla la apuesta ante las exigencias de justicia, inclusión, e igualdad que han sido expresadas ampliamente por la población, desde el 18-O en adelante.

¿Pero de qué neofascismo hablamos? ¿cuáles son sus características y su modus operandi? En primer lugar, se trata de un neo fascismo principalmente elitista, con puntuales ramificaciones en el mundo popular, pero con muy poca expresión callejera. En él coexisten una serie de fenómenos particulares y muy propios de estos tiempos convulsos. En sus filas es posible encontrar desde conspiranoicos y antivacunas (discurso anti ONU, pero “por derecha”), nacionalismos clásicos, gente ligada al mundo militar y policial, movimientos abiertamente xenófobos y grupos neonazis. Dichos sectores convergen en una zona de intersección conservadora con un amplio espectro del mundo evangélico, el mismo que sirvió de base social para los proyectos de Trump y Bolsonaro, por mencionar casos que pudiesen homolgarse a la situación chilena. Hay en ello un patrón reconocible, una fórmula probada y exitosa en lo inmediato. El uso de las fake news que se instalan como verdades mediáticas es una de sus armas más reconocibles, así como el uso y abuso de la herramienta favorita: el miedo. Sin él, los fascistas y neo fascistas ni siquiera podrían existir. La configuración de una mitología tribal-nacional que supuestamente protegería a la población de toda “amenza externa” es su recurso mediático y comunicacional predilecto.

Este neofascismo es, ante todo, un síntoma inequívoco del gran fin de ciclo global al que asistimos y de la decadencia inherente a la fase terminal en la que se encuentra el actual/antiguo régimen. Se trata de una reacción visceral de muchxs ante la incertidumbre provocada por el derrumbe del paradigma actual y la crisis civilizatoria y el estado de crisis permanente de este tramo final de la era que concluye. Ante la sensación de “abismo” que perciben quienes tienen un especial apego e identificación con el paradigma saliente, aquel que ha sido muy bien identificado por el feminismo como ‘Patriarcado’, este neo fascismo les ofrece una falsa sensación de seguridad que encuentra un terreno fértil en la inseguridad y el temor generalizados. El perfil de liderazgos “fuertes”y de tendencia autocrática en alianza con las maquinarias militares y policiales genera en personas con una impronta cultural y psicológica plenamente patriarcal una especie de confianza y esperanza ante ello que temen: lo incierto, lo desconocido (inmigrantes y “alienígenas”, por ej), lo nuevo y lo distinto. Se trata de un fenómeno cuyas mecánicas y subjetividades primarias giran en torno al temor, el poder y la búsqueda de seguridad y certidumbre.

¿Qué hacer ante un panorama tan sombrío en nuestro horizonte? El texto de la Asamblea Villa Frei lo señala con claridad: fortalecer la organización territorial, popular y social. Acelerar el tranco en cuanto a tender puentes entre las diferentes luchas sectoriales en búsqueda de una sinergia que permita mantener y valorar la singularidad de cada una de estas luchas, en una relación dialéctica y horizontal, pero que a la vez permita producir nodos de encuentro y fortalecimiento recíproco.

Ante la coyuntura electoral, creemos válido participar votando contra el fascismo, dada la indiscutible amenaza que significa su proyecto autoritario, pero entendemos totalmente la reticencia de tantxs con quienes hemos construido movimiento en estos años. Una parte importante del Octubrismo tiene serias dudas y aún delibera ante la encrucijada que se le presenta. Y es que parece una crueldad del destino que luego de dos años de lucha contra la política transicional de los famosos “30 años”, haya que nuevamente recular y resignarse a la política del “mal menor” y con ello darle alas a la nueva concertación, tal como sucedió en el ciclo anterior con la antigua y original. No es tribial ni sencillo para quienes, desde abajo, hemos querido construir una nueva forma de hacer política.

Lo más probable es que el “mal menor” se imponga y por un margen no tan estrecho. La ultra derecha y la falsa derecha liberal, hoy desenmascarada y fagocitada por la primera, tiene muy poco margen de crecimiento y los resultados de la primera vuelta han desplegado una reacción amplia y diversa, que ha convocado a muchxs que no se identifican un ápice con el candidato de la nueva concerta. El mayor peligro, entonces, pareciera estar en los años por venir, y las futuras elecciones. Es una posibilidad cierta que, para entonces, este neofascismo haya crecido en organización y número. Y para hacer frente a ello, es fundamental recuperar el impulso y la impronta de ese Octubre rebelde, así como la capacidad organizativa basada en los principios que nos convocan y en unas buenas prácticas que en el ciclo anterior, lamentablemente, no fueron la tónica en los distintos espacios autoconvocados que proliferaron y se desarrollaron en aquellos días. Pero se sabe que las apuestas desde abajo son de largo aliento y tienen sus propios ritmos que son los que le permiten fortalecerse y avanzar. Sería necesario y deseable que esto sea realmente comprendido al corto plazo, para evitar los sucesivos fraccionamientos internos que impiden construir un contrapoder que cuente con una potencia que nos permita soñar, esbozar y tejer un futuro colectivo. Por lo pronto, y en lo inmediato, seremos primera línea ante el fascismo, como ayer, como mañana y como siempre. Y ‘nopo’, ¡No pasarán!


Mauricio Labarca Abdala

Diseñador gráfico y web, ilustrador a ratos, colaborador del proyecto Memoria Mapuche, editor en Ediciones Estrella Sur y director de Códigos Creativos.