Por Aldo Bombardiere Castro

Encaramos el último mes antes del Plebiscito de Salida. Las cartas de ambos sectores ya las conocemos. La Propuesta de Nueva Constitución se ha hecho pública y representa un marco jurídico-político valioso y necesario, aunque en ningún caso suficiente con miras a avanzar hacia un horizonte posneoliberal.

El rango constitucional de un Estado social y democrático de derecho, el carácter plurinacional, intercultural, regional y ecológico del mismo -notas contenidas y explicadas bellamente en su Primer Capítulo- así como las innovaciones mundiales en torno a paridad y perspectiva de género, las cuales van desde las cuotas de inserción en el plano administrativo hasta el reconocimiento de las labores de cuidado y de los derechos sexuales y reproductivos, corresponden sólo a algunos puntos relevantes de ser destacados. También tendríamos que mencionar la importancia de las iniciativas de regionalización, las mejoras en los mecanismos de democracia representativa al complementarse con prácticas de democracia directa, la promoción de organizaciones sindicales, el reconocimiento explícito de los derechos de los pueblos originarios (en sintonía con los principios fundamentales de los Derechos Humanos) y, sobre todo, el retroceso de las desigualdades que ha generado el mercado en materia de derechos sociales, manifestados en las áreas de educación, salud, pensiones y vivienda; todas temáticas que marcarían el preludio y la condición de posibilidad de un profundo giro en las dinámicas de erosión y precarización de las formas de vida que, al contrario de cómo nos hizo creer el discurso transicional, se han mantenido en el Chile de los últimos treinta años.

Marco de precarización: empobrecidos y enriquecidos

Tal precarización de las formas de vida, estructuralmente determinada tanto por la tiranía del mercado, amparada en la desregulación propia de un Estado subsidiario, como por los procesos de subjetivización individualistas, exitistas y meritocráticos, significó el suelo material donde germinó y se reprodujo el neoliberalismo chileno. Su suelo formal, por otro lado, fueron la Constitución guzmaniana y la venia concertacionista: hecha de una vez para siempre con las clausuras que la hacían eterna, en tanto, Lagos sacramentó la obra de Pinochet con el mismo dedo que lo denunció. Pero la precarización sólo se hizo visible cuando empezó a ser llamada así. El oasis devino espejismo; el espejismo desnudó la apariencia del oásis, mostrándolo en cuanto tal. Por ello hoy, si caminamos por las calles del centro de Santiago, podemos notar la pobreza y la miseria antes no vista: no porque antes no haya existido, sino porque se ha hecho visible al país desde su centro. Ese fenómeno es parte del mismo gesto revelador de la precarización: mostrar la crudeza de una realidad antes sectorizada y oculta.

En este contexto, muchas de las prácticas de subsistencia de la población continúan siendo dispositivos de poder: la capacidad de resistir a la precarización desde la reproducción de la precarización. El caso ejemplar reside en la ilusión de confort sustentada en la deuda. Así, el endeudamiento de las familias es el pan de todos los días: ya no sólo opera el crédito para comprar un auto en decenas de cuotas ni tampoco para materializar el inducido “sueño de la casa propia” (donde, tras treinta años, se paga tres veces el valor real de la propiedad), sino para sobrevivir mes a mes, para comprar los alimentos de la once, y también -si tienen suerte- para pagar la Universidad, agradeciendo haber obtenido el beneficio estudiantil (¡sic!) del CAE. Hoy es imposible subsistir sin endeudarse. La deuda -que en alemán se escribe schuld y que también significa “culpa”- es, quizás, el dispositivo de dependencia político-psico-teológico más cruel que ha implicado la precarización de las formas de vida. Cuidar la pega, bajar la cabeza, hacerse amigo del jefe, mordérselas, morderse el propio remordimiento…son modos de decir-hacer que todos hemos experimentado en nuestros trabajos.

Pero la precarización sólo se hizo visible cuando empezó a ser llamada así. El oasis devino espejismo; el espejismo desnudó la apariencia del oásis, mostrándolo en cuanto tal.

La precariedad también se evidencia cuando analizamos los datos macroeconómicos, más allá de los titulares de prensa. Sólo se precisa aguzar levemente la vista para percibir cómo las clases precarizadas y los estratos medios, son los grandes perjudicados de la riqueza que ellos mismos han producido y que les ha sido arrebatada: en Chile el 1.9% de la población más rica, (y que no vive del trabajo, sino del capital) posee un patrimonio equivalente a alrededor del 28% del PIB. Pero no sólo eso: paradójicamente, tal grupo paga menos impuestos efectivos que la mayor parte de la población (11% contra el 14%)1. No por nada, según la medición Gini, Chile es uno de los países que, pese a contar con el PIB per cápita más alto de la región, posee uno de los peores índices en lo referente a la distribución del ingreso.2

1.- Entrevista a Marco Kremerman en Radioanálisis, de Radio Universidad de Chile. Acceso en https://www.youtube.com/watch?v=d1FgaxYoO-o
2.- Índice Gini según el Banco Mundial: https://datos.bancomundial.org/indicator/SI.POV.GINI?locations=CL&view=map

¿Por qué esto resulta importante? ¿Por qué hablar de la precarización y luego de los enriquecidos? ¿Y por qué hacerlo ahora, en plena campaña del Plebiscito de Salida? Porque nos recuerda algo básico y que muchas veces olvidamos: la relación intrínseca -pero opaca- que existe entre las clases sociales. Se trata, justamente, de recordar la dinámica relacional-conflictual que articula a la sociedad : no hay pobres, de un lado, y ricos, de otro, per se, como entidades esenciales. Lo que hay es una mayoría social empobrecida a costa de una minoría enriquecida. Existen formas de vida que circulan dentro de la precarización precisamente porque responden a estrategias de explotación y acumulación de capital controladas por una pequeña minoría enriquecida gracias a la opresión que generan, mantienen y reproducen tales estrategias. Esto nos permitiría pensar que, en última instancia, y pese a la proliferación de enmascaramientos ideológicos, seguiría operando una máquina-estructura subyacente destinada a traducir la vitalidad del trabajo y de la creatividad humana en capital económico.

Pues bien, la Nueva Constitución no aseguraría una transformación de esto último. Sin embargo, mantendría abierta la posibilidad de su transformación: aprobar sería sinónimo de seguir atizando la llama de la esperanza. Esperanza que no es vana ilusión, sino aliento, respiración, realidad de resistencia y latencia de rebelión. De imponerse el Apruebo, la lucha por la dignidad de las mayorías seguirá pendiente, pero las formas con que imaginemos y vitalicemos tal dignidad se tornarán, a la vez, mucho más potentes y diversas, mucho más soñadas y sentidas, luchas aún más dignas de tales luchas.

La derecha siendo derecha

Dado lo anterior, se explica gran parte de la intransigencia de la derecha ante el proceso político que se abrió en Chile el 18 de Octubre de 2019. En efecto, la derecha sabe que para ellos hay mucho en juego. Si bien podría creerse que dentro del sector existe una línea política-empresarial que en algún momento estuvo dispuesta a pactar una “salida conveniente” para estabilizar la esfera social -dicho en su lenguaje: sectores dispuestos a “comprar paz social”-, hoy constatamos que la derecha yace alineada con el Rechazo.

Pero ello no debiera sorprendernos, sobre todo luego de revisitar cuatro eventos temáticamente vinculados: 1) la represión y las masivas violaciones contra los Derechos Humanos ocurridos bajo el gobierno de Piñera a partir de Octubre de 2019 (cuestión documentada por informes de organizaciones internacionales de distinto signo político: Amnistía Internacional, Human Rights Watch, la CIDH y una comisión de observadores de la ONU); 2) El Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución, con su exigencia de 2/3 como quorum de acuerdos en el seno de la Convención Constitucional, exigencia con que la derecha, según propias palabras de Longueira, daba por sentado bloquear las iniciativas que tuvieran por intención transformar estructuralmente el modelo neoliberal; 3) la primacía casi absoluta de los asuntos securitarios y el discurso neofascista de terror económico, clasista y xenófobo, impuesto por la campaña presidencial de Kast, quien de haber sido electo hubiese puesto en riesgo la finalización del proceso constituyente; y 4) la encarnizada campaña mediática actual, rebosante en noticias falsas, simplificaciones, tergiversaciones y desinformación que han llevado a cabo los medios de masas en claro servilismo al poder empresarial al cual pertenecen.

Estos cuatro puntos vistos en retrospectiva muestran el comportamiento político recalcitrante de la derecha, la cual ha seguido una línea de acción muy coherente, pese a que en ninguno de los tres primeros puntos hayan tenido el éxito que esperaban debido a los distintos modos de resistencia popular. En suma, y al contrario de como suelen decir de modo victimista, la intención de la derecha siempre fue la de impedir las transformaciones estructurales y, en el mejor de los casos, promover reformas ornamentales que perpetuaran, ya fuere bajo la legitimidad de una Constitución aprobada en democracia o ante la frustración de la misma, la inherente desigualdad del capitalismo en su fase neoliberal.

Hoy nos encontramos en el punto 4. La derecha como bloque unificado se juega su válida posición de rechazar, eso sí, a través de inválidos medios como son la mentira, la desinformación e, incluso, el llamado a no leer la Nueva Constitución. Ésta denota una alta calidad técnica, así como una pertinencia al contexto chileno, como ha sido reconocido por diversos especialistas a nivel internacional.1 Se trata de un texto tan lúcido y prácticamente necesario que cualquier trabajo de pedagogía sobre éste no puede sino constatar la indiscutible dignidad que él porta en comparación con la Constitución del 80. Por lo mismo, la derecha sabe que le es imposible entrar a discutir el texto con transparencia y honestidad intelectual: sabe que si entra en la discusión del texto, y por ende en su involuntaria promoción, quienes lo lean con un mínimo de espíritu republicano y sentido común no podrán más que reconocer su profundidad y pertinencia, manifestándose a favor del Apruebo. Ello, en definitiva, explica las simplificaciones y narrativas de terror dedicadas, por ejemplo, a acusar a la Propuesta de separatismo indigenista, de sentar un sistema judicial paralelo (por su plurinacionalidad), de no cumplir con la promesa de ser la casa de todos (por priorizar el bien común para las mayorías), de atentar contra la propiedad privada (pese a que la resguarda constitucionalmente y explicita la justa compensación en caso de expropiación), de atentar contra la propiedad de las pensiones (cuando en realidad avanza en forma gradual con miras a un pilar solidario fortalecido y definido por ley), de permitir el aborto a los 9 meses (sin comentarios), de no restringir que un extranjero se convierta en Presidente (pese a señalar las exigencias para optar a la ciudadanía nacional), de terminar con los subsidios estatales por terminar con el Estado subsidiario (¡sic!), de poner en riesgo la libertad de enseñanza (cuando en realidad se asegura y lo que se busca es fortalecer la educación pública), de poner en riesgo la libertad de credo (cuando en realidad tan sólo se reconoce el laicismo del Estado y el derecho a la libertad religiosa), de dejar poco espacio al criterio de la Ley, de dejar casi todos los artículos al criterio la Ley, de haber sido redactada por un grupo de ignorantes sin competencias técnicas (la entidad política más representativa de la diversidad que integra alguna vez electa) y un largo etcétera. Así, las críticas se simplifican en dos tipos: 1) contra lo que la Propuesta enuncia, de manera presuntamente sesgada -aunque favorezcan a las mayorías en la más amplia gama de diversidad y haya sido aprobado en el pleno por el quorum exigido- y 2) contra lo que la Propuesta no enuncia, dejando abiertos muchos artículos de modo presuntamente riesgoso -aunque explícitamente otorgue el espacio para que sean determinados por Ley-.

Pero, ¿acaso no siempre ha operado así la derecha? Pues sí. Al menos cuando las cosas que están en juego amenazan la reproducción de sus privilegios de clase, no escatiman en utilizar, con una progresiva intensidad, los múltiples recursos que tienen a mano, desde la represión policial-militar hasta campañas de desinformación masiva, todo bajo un aura de defensa del orden civilizatorio y promoción de la paz social.

Esto confirma que la derecha se caracteriza por una habilidad mágica: ella siempre logra estar sobrerepresentada en el marco de la democracia liberal. La clase social auténticamente derechista, cuyos intereses son intrínsecos a su sector y representan extensiones de una visión de mundo sincera y consecuente con la primacía del neoliberalismo salvaje (la corriente de raigambre liberal-economicista) o con la nobleza de un cierto supremacismo metafísico y aristocrático (la corriente de raigambre conservadora-cultural) siempre ha ejercido hechizos sobre individuos de otras clases sociales. Lo ha hecho a través de una vastedad de mecanismos ideológicos, comunicacionales y culturales, despertando un encantamiento sobre sujetos que, o bien aspiran a ser algún día auténticamente de derecha (arribismo-exitista) o bien no saben lo que significa ser de derecha, creyendo que la auténtica derecha es idéntica al discurso de la “derecha política” (esa subclase que se dedica a cautelar los intereses de la auténtica derecha, del empresariado-neoliberal y de los supremacistas-conservadores). En una palabra: el hechizo de la auténtica derecha, con su alianza liberal-conservadora, consiste en que los políticos que la representan sean capaces de obtener el apoyo de los trabajadores a los cuales la auténtica derecha explota.

(…) la derecha se caracteriza por una habilidad mágica: ella siempre logra estar sobrerepresentada en el marco de la democracia liberal. La clase social auténticamente derechista, cuyos intereses son intrínsecos a su sector y representan extensiones de una visión de mundo sincera y consecuente con la primacía del neoliberalismo salvaje (la corriente de raigambre liberal-economicista) o con la nobleza de un cierto supremacismo metafísico y aristocrático (la corriente de raigambre conservadora-cultural) siempre ha ejercido hechizos sobre individuos de otras clases sociales.

Desafío

Durante el próximo mes el desafío se centrará en hacer que la Propuesta de Nueva Constitución exprese su expresividad, y en que expanda su indesmentible dignidad. El trabajo pedagógico será clave. Pero también será clave la vibración telúrica que -sin agotarse- dio origen a la Convención y ha mantenido abierta la esperanza de otras formas de vida ante los ataques de la derecha. Se tratará de seguir derramando la imaginación de los pueblos con miras a la construcción de aquella dignidad que los reúne y refleja.


Aldo Bombardiere Castro (Santiago de Chile, 1985).

Licenciado en Filosofía de la Universidad Alberto Hurtado y estudiante del Magíster en Filosofía de la misma Universidad. Ha sido expositor en congresos de filosofía a nivel nacional y ha publicado artículos académicos acerca de hermenéutica, la estética de Nietzsche y la ontología del asombro de Heidegger, aparecidas en diversas revistas académicas. Ha publicado el libro de ensayos sobre obras de arte titulado Donde reina un olor a vestimenta cansada (Carbonada Ediciones, 2016) y el libro de narrativa titulado Relatos menores (Editorial Luna de Sangre, 2017). Es colaborador permanente del magazine Ficción de la Razón. Administra el blog Plaza de la Hibridez (http://payasocontradictorio.blogspot.com).